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  1. El Papa Francisco vestirá reliquia de Monseñor Romero en su canonización

    Para la celebración de la Misa de canonización de los siete beatos este domingo 14 de octubre, el Papa Francisco vestirá una reliquia del Obispo Mons. Óscar Romero y también parte de la indumentaria del Papa Pablo VI.

    Se trata del cíngulo con manchas de sangre que utilizó Mons. Óscar Romero, así como el cáliz, palio y el báculo pastoral del Beato Pablo VI.

    El cíngulo es un cordón o cinta de seda o de lino, con una borla a cada extremo, que le sirve al sacerdote u obispo para ceñirse el alba.

    Por otro lado, el cáliz es el recipiente utilizado por el celebrante para consagrar el vino en la Misa.

    El palio es un ornamento exclusivo del Papa y de los Arzobispos Metropolitanos. Es una banda de lana blanca en forma de collarín, semejante a una estola y se utiliza a modo de escapulario, adornada con seis cruces de seda negra.

    Finalmente, el báculo es un cayado de pastor que los obispos portan como símbolo de su ministerio de servicio en la Iglesia y que se le entrega en su consagración.

  2. De «punki» y drogadicto que casi muere apaleado a padre de 9 hijos: un fin de semana cambió su vida

    Ricardo Pareja Meseguer es ahora marido, padre de nueve hijos y evangelizador digital. Su vida, como reconoce este catalán de casi 50 años, es un milagro. Sigue vivo por la gracia de Dios, pues antes de conocer la Iglesia era punk, con su estrafalaria estética y su cresta, estaba metido en el mundo de la droga y borracho todo el día en la calle. El empeño de su tía, que rezaba por él en todo momento, y una paliza que le propinaron unos neonazis en la que perdió la visión en un ojo, fueron el desencadenante que acabaron llevándole a Dios.

    Unas catequesis del Camino Neocatecumenal lograron que de un día para otro dejara la vida punk, todos los vicios y arreglara las cosas con su familia. Ya estando en esta realidad eclesial conoció a la que hoy es su mujer, ella también entró en la Iglesia, y juntos crearon esta familia numerosa.

    Vida punk, drogas y alcohol

    Yo era uno de esos ‘punkies’ de mediados de los 80 que estaba metido en la droga, siempre borracho, iba con una cresta de gallo y encadenado con cadenas gruesas, no me lavaba, andaba con unos colegas donde el amor libre y la homosexualidad eran el ambiente dominante. Realmente estaba hecho un asco y nadie daba un céntimo por mi vida”, explica Ricardo.

    Todo estalló cuando estudió en una academia de peluquería. Era una persona muy tímida y pasó una mala experiencia. “En esa situación –cuenta este barcelonés- conocí una chica punk y me fascinó ese mundo. Entrar en él era como salir de golpe de la timidez y echarle cara a todo y como no, para esta hazaña necesitaba la ayuda del alcohol y de las drogas”.

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    Así era Ricardo antes de conocer a Dios

    La paliza con la que casi le matan

    Su vida se convirtió en una espiral de vicios y malas compañías. Su familia temía que cualquier día llegara una llamada diciéndoles que su hijo estaba muerto. Y esto estuvo  a punto de suceder. “Cuando peor estaba, el Señor, que ya había intentado atraerme con lazos de amor sin éxito, me hizo vivir una experiencia que cambió mi vida para siempre… Un día me cogieron un grupo de neonazis, me golpearon con barras de hierro en la cabeza hasta que todo yo era brechas de sangre. Me dejaron medio muerto en mitad de la vía pública mientras la gente deambulaba sin hacer ni decir nada”, recuerda.

    Finalmente, una ambulancia le trasladó al hospital. Allí estuvo dos semanas ingresado y le dijeron que nunca más vería con uno de sus ojos.

    La convivencia que cambió su vida

    Poco antes de que le dieran el alta, su tía que siempre había rezado por él y le hablaba de Dios apareció con un matrimonio. Le invitaron a una convivencia. Y sin nada que perder acabó yendo.

    En aquella convivencia quedó fascinado con las catequesis. En una entrevista en Misioneros Digitales explica que “muchas cosas me impactaron. Por ejemplo, descubrir que en las Escrituras estaba mi vida, que no eran solo historias que pasaron, sino que era totalmente actual para mí. Que Dios me amaba tal como yo era a pesar de que era despreciable, que me quería tanto que había muerto y resucitado por mis pecados. Que me esperaba una vida plena de la mano de Cristo, que yo me había pasado la vida buscando el sentido y el sentido era amar y esto no lo podía realizar yo, que es un don de Dios”.

    Tras esta convivencia regresó a Barcelona y entró en una comunidad neocatecumenal de la parroquia de San Luis Gonzaga. Su vida dio un vuelco total, y entonces conoció a Merche, que no era creyente, y que acabó siendo su esposa y madre de sus nueve hijos. “El Señor nos permitió un noviazgo santo, ¡qué regalo! Era como un tesoro preciado para mí. El Señor me colmaba con creces… ¿merecía yo ese derroche de gracias? Sentía, sin duda, que no me lo merecía pero el Señor es infinitamente bondadoso. Tiempo después Merche entró a la Iglesia y nos casamos”.

    La conversión es diaria

    Ricardo recuerda el cambio radical de su vida, pero también las luchas enormes a lo largo de los años. “Después de mi conversión, de casarme con Merche, aunque ya nunca consumí drogas, sí bebía con asiduidad y eso me volvió a traer problemas”, confiesa. Ya han pasado 10 años sin abusar del alcohol. Pero también “he tenido mis crisis de fe, porque la conversión es diaria, aunque en esto, mi esposa ha sido un instrumento de Dios y una ayuda perfecta”.

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    Su vida tenía ya un orden. La relación con sus padres experimentó un cambio total. “Estaba recobrando la alegría perdida entre las falsas carcajadas de cuando estás colocado. Ya no necesitaba aparentar ni llamar la atención con una indumentaria. Podía estar limpio y perfumado, era un joven contento con su vida porque hasta lo más oscuro de mi vida pertenecía a mi historia de salvación”.

    Sus hijos conocen su historia

    Tampoco ha ocultado nunca a sus hijos cuál ha sido su pasado. Ricardo afirma que “siempre les he hablado con franqueza de mi historia” porque “la vida es un misterio de alegrías y sufrimientos, de vigor y enfermedad, de luchas y noches oscuras. Pero todo es historia de salvación”.

    “Mis hijos –agrega este padre- me conocen, saben que muchas veces me equivoco, que a veces soy duro, cabezón, gritón y muchas más cosas, y aunque siempre hay un tiempo en la adolescencia en el que parece que yo soy como el enemigo, la verdad es que es un tiempo que pasa y a la luz de la fe ellos también descubren que lo que a su padre le pasa también en parte les pasa a ellos. Para nada somos perfectos, una familia tan numerosa la hace grande el Señor, porque nos reconciliamos, rezamos los unos por los otros y eso es lo más”.

    El mundo necesita apóstoles

    Ricado Pareja es consciente de la necesidad de Dios que hay en el mundo y por ello evangeliza también a través de Internet. A tiempo y a destiempo. En la entrevista explica que “los divorcios superan en muchos países a las bodas, los jóvenes han perdido el sentido del esfuerzo, la capacidad de sufrimiento, no saben lo que es el amor. Todo es sexo y libertinaje. No podemos estar impasibles a este terrorismo que nos sacude. Los ancianos nadie los quiere porque ya no producen sólo son un gasto y cuidarlos nos destruye. Estamos construyendo una sociedad individualista donde todo se realiza a través de una pantalla, sin el trato humano, sin que se puedan conocer personalmente al otro y amarlo. Donde sólo hay un dios que es el dinero. En nuestra mano está decir la verdad, y la verdad es que el que tiene el Espíritu de Jesucristo tiene un corazón dispuesto a amar. Esto es lo que esta sociedad necesita, porque si tú has experimentado que Cristo te ama, tú ya no abortas, ni metes a tus padres en el asilo, ni dejas a tu mujer por otra más joven. El problema está en el corazón y Dios es un renovador de corazones. Por eso, que mejor aprovechar estos medios que llegan a tanta gente”.

  3. Domingo XXVIII, del tiempo ordinario

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    La primera lectura nos hablaba de la sabiduría, como el mejor de los bienes posibles, y la segunda de la Palabra de Dios que es viva y eficaz, más penetrante que una espada de doble filo. Pues, todo esto se realiza en el evangelio de una manera admirable (sabiduría y penetración).

     

    El hombre preguntó a Jesús: “¿Qué haré para heredar la vida eterna?” Este hombre hace una pregunta sobre el sentido de la vida. Es muy bueno que nos hagamos preguntas, y preguntas sobre el sentido de la vida:  ¿quién soy? ¿De dónde vengo, dónde voy? ¿Qué me hará feliz? ¿Qué sentido tiene mi vida? ¿Qué tengo que hacer para ser feliz?

     

    Hace falta que nosotros hagamos como este hombre que se cuestiona. Lleva una vida de hombre creyente, pero, al escuchar a Jesús ha surgido la pregunta, ve que está lejos de la meta... ¿Cuál fue la última vez que hicimos a Jesús una pregunta  sobre el sentido de la vida? Hagamos preguntas a Jesús... no respuesta inmediata, pero, siempre responde, ¡¡probadlo!!

     

    Jesús le dice: “Ya sabes los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre”. Los mandamientos de la Ley de Dios no están pasados de moda. No podemos olvidarlos. Jesucristo los cita como una realidad que hay que vivir. ¡Repasémoslos, meditémoslos, orémoslos!

     

    El Joven del evangelio cumple los mandamientos pero intuye, percibe, que hay algo más: por eso dice: “Maestro, todo eso lo he cumplido desde pequeño”. Y Jesús le dice: “Una cosa te falta”. Los mandamientos podemos decir que son el mínimo, el cumplirlos nos abre un camino que nos lleva más allá. Los mandamientos constituyen la primera etapa. Y ante la presencia de Jesús al que el joven habría escuchado en diversas ocasiones el joven intuye que aun está lejos de la meta. Y Jesús le anima a emprender el camino de la perfección en el amor, el camino de la santidad.

     

    Y Jesús le dice: “...vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo...”. Y en este punto surge la pregunta: ¿Esto Jesús nos lo dice a todos o se lo dice  sólo a algunos? ¿Esta llamada a venderlo todo, Jesús nos la hace a todos o sólo a algunos? La respuesta es a todos. También hoy Jesús nos dice a nosotros que “lo vendamos todo y lo demos a los pobres...”

     

    Cuando hago afirmaciones un poco sorprendentes y radicales, me gusta fundamentarlas en el magisterio, para que no se vea que es una exageración mía. Hay un texto de la Veritatis Splendor que comenta este evangelio, que hoy hemos leído y dice: Punto 18, cito textualmente:  Esta vocación al amor perfecto no está reservada de modo exclusivo a una élite de personas. La invitación “anda, vende lo que tienes y dáselo a los pobres” se dirige a todos, porque es una radicalización del mandamiento del amor al prójimo”.

     

    En otras palabras Jesús nos pone en un camino de amor al prójimo donde la medida del amor es amar sin medida. Movidos por el amor a Dios siempre iremos amando más y más, cada vez más perfectamente. Es lo que han hecho los santos. Hasta el punto que desearemos vender, dar lo nuestro, para que otros puedan vivir. Queda claro por el texto evangélico que las riquezas son un gran estorbo para seguir a Jesús.

     

    ¿Nos descoloca, nos incomoda? Claro que sí. ¿Qué hemos de hacer? Pedir al Señor que nos ayude a vivir esto que nos propone. No lo pasemos por alto. Por  nuestras fuerzas no podemos… es gracia de Dios que nos es preciso pedir. Jesús nos ha dicho: “Dios lo puede todo”.

     

    Vale la pena recordar el caso de San Antonio Abad (imagen iglesia): era un joven hijo de unos campesinos muy ricos, cuando tenía dieciocho años  sus padres murieron y heredó toda la fortuna. Tenía una hermana más pequeña que estaba a su cargo. No habían pasado seis meses de la muerte de sus padres que entra en una iglesia en la que se decía: “Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego sígueme”.

     

    A Antonio estas palabras se le clavan en el corazón, parece como si hubieran estado hechas expresamente para él. Así que fue meditando estas palabras hasta que un día decidió venderlo todo: casas, campos, muebles, animales, etc..., y lo dio a los pobres. Sólo se  guardó una pequeña parte de dinero, pensando en  su hermana.

     

    Otro domingo en la Iglesia se leyó en el evangelio, aquel pasaje que dice: No se preocupe por vuestra vida, qué comeréis o qué beber, ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir... Buscad primero el Reino de Dios y hacer lo que Él quiere, y lo demás se os dará por añadidura”. Al sentir estas palabras que Jesús le dirigía lo vendió todo, lo que le quedaba e hizo que unas monjas cuidasen a su hermana y él marchó al desierto. ¡Aquí se empezó a forjar el santo!

     

    ¡Expongo su ejemplo para que entendamos que la Palabra se nos dirige a cada uno! ¡Y es una Palabra que estamos llamados a vivir!

     

    ¿Y todo esto dónde nos llevará? Lo dice Jesús al final del evangelio: Os aseguro que quien deje casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el evangelio, recibirá ahora, en este tiempo, cien veces más –casas y hermanos, y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones-, y en la edad futura, vida eterna”. Qué negocio conocemos que te dé el ciento por uno. Tú das uno y te dan cien. ¡¡Abrámonos a la gracia!!

     

    A todo esto, sólo se puede vivir desde el seguimiento de Jesús “sígueme”, y bajo su mirada de amor “Jesús se le quedó mirando con cariño”.

     

     

          

  4. El despertar de Cecilia y el ruego del milagro

    El 27 de agosto de 2015 Cecilia Maribel Flores de Rivas ingresó por la noche al Hospital Materno-Infantil 1.º de Mayo, del Instituto Salvadoreño del Seguro Social; llevaba ya la presión alta, disparada, ella misma así lo admite; además inflamación en las extremidades, vista nublada, la sensación de ver lucecitas, mareos, manos adormecidas; algo malo sucedía con su séptimo embarazo y le pidió a su esposo, Carlos Alejandro Rivas, que la trasladara al hospital.

    Los síntomas habían comenzado desde temprano, por la mañana, pero sufrió el "síndrome del nido" y decidió dejar preparado todo para la llegada de su séptimo hijo, Luis Carlos, así se llamaría.

    Los cálculos de Cecilia habían fallado. El parto de Luis Carlos era programado, la cesárea estaba planificada para el 3 de septiembre; la razón, Rebeca, la menor de los Rivas Flores, cumpliría dos años el 2 de septiembre y le tenían organizada una fiesta, pero no resultó. La emergencia le había ganado.

    Hasta este momento no había pánico ni angustia ni miedo, tampoco sensaciones de tragedia. Todo el embarazo había sido normal, sin complicaciones, incluso habían sobrevivido a una crisis laboral de Alejandro. Salvo los síntomas que se presentaban a última hora, la llegada al centro de salud se estimaba a tiempo.

    Los problemas de ella, sin embargo, no se originaban con la llegada de su nuevo bebé. No quiere ahondar en las pérdidas de los otros niños, pero ya antes del nacimiento de Emiliano el 5 de octubre de 2005 tuvo dos abortos, ese recién nacido era su tercer embarazo, así que la llegada de este fue como un oasis para la mujer, se sentía realizada, pero ni siquiera estaba a la mitad de sus dificultades. Dos pérdidas más sucedieron la llegada de Rebeca el 2 de septiembre de 2013, con ella encontró un poco de paz pues se identificó la causa de la interrupción de sus embarazos.

    La doctora Ana Eliza Guzmán, su ginecóloga, descubrió que el síndrome antifosfolípido (SAF) era la causa. Este crea un trombosis autoinmune que rechaza el bebé pues lo identifica como ajeno al cuerpo. Guzmán inmediatamente recetó anticoagulantes para el tratamiento; durante todo el embarazo Cecilia se tuvo que aplicar una inyección diaria, se hizo experta en autoinyectarse.

    El nacimiento de Rebeca, el sexto embarazo, estaba previsto para septiembre, pero en agosto presentó algunos síntomas que causaron alarma y encendieron las alertas. Hubo que correr al hospital.

    —Presenté varios síntomas, fui al hospital porque ya había comenzado a ver lucecitas, la visión borrosa, inflamación de las extremidades; la doctora decidió ingresarme para hacer varios análisis y ver cómo estaba la depuración de la orina. No recuerdo cuáles otros.

    Los chequeos realizados arrojaron resultados alentadores, todo estaba dentro de la norma, pero como medida preventiva se determinó que quedaría ingresada el último mes de gestación.

    En septiembre decidieron inducir el parto para evitar problemas de preeclampsia, trataron en tres ocasiones pero no se logró, entonces se decidieron por la cesárea; la cirugía salió bien, pero los instantes posteriores pasaron a ser críticos para Cecilia. Tras quererse incorporar después de ocho horas de estar en cama la visión era borrosa, casi nula, había mareo y presión elevada. Intervinieron un internista y un retinólogo, el primero controló la presión y el segundo los problemas de la visión.

    —El retinólogo me dijo que un poco más y hubiera perdido la retina y me hubiese quedado ciega.

    Permaneció ingresada una semana más, días que define como de acoso por las sugerencias permanentes de no tener más embarazos.

    —Los médicos fueron bien enfáticos en decir que no volviera a salir embarazada porque corría un mayor riesgo, corría peligro la vida mía y la del bebé.

    La advertencia de los doctores contrastaba con sus principios cimentados en el Camino Neocatecumenal.

    —Ellos en su calidad de médicos y como profesionales de la salud no entienden también la parte religiosa, uno a veces no está dispuesto por sus principios cristianos.

    Las sugerencias, dice, se volvieron presión, con advertencias permanentes de que podía morir. El momento de salir del hospital se le hacía largo y la presión seguía.

    —Se tiene que esterilizar, es que mire le va a pasar lo mismo, mire que se va a morir. Yo creo que el único que no me preguntó si me iba a esterilizar fue el vigilante.

    Ahora ríe, pero entiende y siempre estuvo clara de que la situación era delicada. Junto a su esposo decidieron de que no habría esterilización, pero que acatarían la advertencia médica y se cuidarían con métodos naturales.

    —Dijimos que lo podíamos hacer sin esterilizar. No podemos decir, no, no le hicimos caso a los médicos, porque tomamos su palabra y advertencia sobre el peligro que corría Cecilia, yo mismo había visto la gravedad de la situación con Rebeca.

    La llegada de Luis Carlos

    Las alarmas se encendieron en enero de 2015. Dos años después del nacimiento de Rebeca los métodos naturales de planificación fallaron. La noticia fue recibida con alegría pero con incertidumbre, con esperanza pero también con dificultades.

    A las imágenes de la preeclampsia, los embarazos de alto riesgo, las advertencias de muerte, se sumaba la situación laboral de Alejandro, estaba sin trabajo y eso terminaba de complicar las cosas.

    —No fue triste porque saber que nuevamente iba a ser madre era un momento de alegría, pero sí preocupante porque mi estado de salud no era idóneo para tener otro hijo.

    La reacción inmediata fue ponerse en control, ahora en una unidad de salud pues no estaban cubiertos por el Seguro Social. Allí había que iniciar un nuevo expediente pues todo el cuadro médico estaba registrado en el ISSS. La situación agobiaba a Alejandro.

    —No teníamos empleo, era una de esas situaciones de que se busca, se busca y no se encuentra.

    De la infructuosa gestión en la unidad de salud, Cecilia se movió hacia el Hospital de Maternidad. Tampoco mejoró mucho. Se tuvo que pelear con medio mundo y esperar unas ocho horas para conseguir la cita; por fin lo logró, pero era para dentro de tres meses. Se plantó ante un médico.

    —Si vengo hasta dentro de tres meses mi bebé ya estará muerto.

    La frase fue tajante y el cupo para la consulta se abrió. Expuso su cuadro médico. Le preocupaban las vacunas para combatir el SAF, era una diaria o el tratamiento no funcionaba. La doctora de turno, no recuerda su nombre, le prescribió los 30 anticoagulantes. Respiró tranquila solo un instante, luego volvió a suspirar de tristeza. En la farmacia solo le podían brindar 10. Buscó otras opciones en el hospital y se le mandó a comprar la medicina.

    —La doctora Guzmán ya nos había dicho que no hacíamos nada si el medicamento no está constante día a día.

    Alejandro recuerda que trataron de calmarse y ordenarse. Lo primero era Cecilia y su embarazo y tenían que buscar las opciones. Un pequeño faro se encendió cuando amigos de la iglesia les donaron algunas vacunas, para ellos sin trabajo y con el costo $15 cada una, era imposible.

    —Con la ayuda de la comunidad del Camino Neocatecumenal logramos comprar otras, ellos fueron muy solidarios, siempre lo han sido, moralmente y espiritualmente; parte del milagro también es de ellos.

    Sobre el tercer mes del embarazo Alejandro logró conseguir un trabajo temporal y volvieron a cotizar. Cecilia regresó a su control al Seguro donde ya tenía sus inyecciones de manera oportuna, pero decidieron mantener sus chequeos en ambos hospitales por la temporalidad en el contrato de Alejandro.

    Todo, absolutamente todo, marchaba en orden. Ella incluso caminaba todos los días por Emiliano al colegio, podía atender adecuadamente a Rebeca, tener una alimentación adecuada, solo sentía cierto temor a viajar en bus por los movimientos bruscos.

    El 27 de agosto Cecilia y Alejandro corrían al hospital. La llegada fue sin contratiempos y la atención inmediata, la madrugada del 28 y antes los síntomas de cansancio, presión alta e inflamación, la pasaron al quirófano para una cesárea. Solo unos minutos después de la madrugada nació Luis Carlos, pero para ella las cosas no estaban nada bien.

    —Me dolía todo, no veía bien y esperaba que tras el nacimiento la preeclampsia pasara, pues la produce el embarazo, pero después de las ocho horas no podía pararme, la presión seguía alta, me dolía el vientre; me comencé a inflamar, no podía respirar bien, me costaba hablar.

    Alejandro dice que entre ambos mencionaron que todos los síntomas eran parte de la recuperación, pero comenzó a notar que la inflamación del estómago no había bajado, le consultó a los médicos y respondieron que había una posibilidad de que la vejiga estuviera rota, pero igual estaba dentro del rango normal.

    —Nunca la vi en una sola cama, el 30 de agosto noté que su estómago estaba todavía más inflamado y la tenían en la unidad de cuidados intermedios. El tercer día, la inflamación parecía de unos seis meses de embarazo, nos pareció extraño, ella se sentía incómoda y sospechaba que algo no estaba bien.

    Cecilia incluso había pedido el auxilio de un internista y les recordaba que con el nacimiento de Rebeca él había logrado estabilizarla. Sorpresivamente el mismo 30 fue trasladada al hospital general, allí la instalaron de una vez en la unidad de cuidados intermedios y le realizaron de inmediato un examen de contraste para verificar si la vejiga estaba rota y ultrasonografías en el estómago y aparato reproductor, pero todos los resultados indicaban que estaba en perfecto estado. Hicieron una hemodiálisis para drenar los líquidos acumulados.

    La crisis

    La inflamación era cada vez mayor y ya no solo era en el estómago, se comenzaba a notar en otras partes. El 1.º de septiembre la sometieron a otra cirugía en la que descubrieron que era del hígado de donde emanaba líquido y se acumulaba en el cuerpo, tras los análisis los intensivistas determinaron que se trataba del síndrome de HELLP.

    Fue el último día de conciencia de Cecilia, el día del pánico, de la angustia, de la desesperación y hasta la resignación. Cuando despertó quería hablar y no podía, más bien ella creía que hablaba y nadie la escuchaba, trataba de abrir los ojos e igualmente no era posible, trató de sentarse y mucho menos; solo escuchaba las voces de los médicos y las enfermeras.

    —Llegó un momento en que me sentía tan preocupada porque comencé a recordar las diferentes etapas de mi vida, las cosas que había hecho. Comenzaron a pasar las imágenes de mi vida como que era película, las buenas y malas, entré en preocupación dije: "Dios mío, me estoy muriendo. Si me estoy muriendo permíteme irme en paz, irme tranquila", una enfermera o doctora se acercó y me dijo: "tranquila, ya va a estar bien, rece" y comencé a rezar, fue lo último que yo recuerdo.

    Parte del expediente médico establece que ella sufría fluido pleurico bilateral, que es la inundación de los pulmones, insuficiencia renal aguda, daños en el hígado, ventilación mecánica, además de la inflamación extendida en todo el cuerpo y la retención de todo el líquido.

    Alejandro entra y sale del shock al recordarlo, su rostro se contrae y luego se libera, gesticula con los dedos y les mete presión, no es nada agradable el recuerdo.

    —La presión altísima detuvo el hígado y los riñones; paro renal, paro hepático, los órganos estaban colapsados, los pulmones llenos de agua, sangraba del oído, nariz, ojos y boca. En una ocasión le encontré como una lágrima de sangre.

    El equipo médico formado por seis especialistas debatía permanentemente sobre análisis tras análisis. Lo integraban los intensivistas Boris García e Ismael Antonio Santos y Manuel Villalobos (director del hospital central); Ana de Uriarte (perinatóloga), Daysi Beatriz Ramírez (ginecoobstetricia) y Armando Heriberto Lucha (director de 1.º de Mayo). Encontrar las fórmulas no era fácil.

    Los días 2 y 3 de septiembre Alejandro solo vio cómo el cuadro empeoraba. Los brazos y las piernas inflamados, tanto que tuvo miedo que se rompiera la piel por lo que consultó a unos de los especialistas, no recuerda a cuál, pero le contestó que no, que la piel es un cuero y resiste.

    —Ella comenzó con tres sondas, la del brazo, la orina y excretas, al final yo le conté 14 tubos, tres en la boca y los demás repartidos en el cuerpo.

    A la izquierda del cuerpo de Cecilia estaba la bolsa que debía recibir los líquidos, visita tras visita Alejandro siempre la encontró vacía, era la primera que veía al ingresar a la sala, desde que fue trasladada al hospital central siempre permanecía vacía. Los riñones estaban muertos, recuerda que el último registro de la creatinina fue del 12 %, después ya no marcó nada.

    El doctor Armando Heriberto Lucha tampoco recuerda un panorama nada alentador. Dicen que las expectativas de los médicos muchas veces se trazan para esperar lo peor y desear lo mejor. Obviamente era el caso que tenían en sus manos.

    —Fue tan fuerte el caso que acabó con ventilación, con diálisis. Absolutamente todos sus exámenes estaban tirados por los suelos.

    Cecilia fue inducida a un coma para tratar de proteger sus órganos ya deteriorados, el 3 de septiembre le dijeron a Alejandro que tenía que firmar un documento para autorizar una hemodiálisis. Todas las dudas y miedos pasaron por su mente: si firmaba y ella moría en el proceso, si no firmaba y ella moría. Pensaba en su esposa, en sus hijos, en él mismo. El doctor Antonio Santos lo despertó:

    —Yo me quedé con el lapicero pensando y el doctor me dijo: "te la voy a poner fácil, en cualquiera de las circunstancias se puede morir, es algo que no está en tus manos".

    Autorizó la hemodiálisis, pero para sorpresa suya el 4 de septiembre la bolsa colocada al lado izquierdo de Cecilia seguía vacía y la presión a 222. Otra vez confusión, dudas y miedos, y de nuevo fue con el doctor Santos a quien le pidió que le tirara "las cartas peladas".

    —Mirá, nosotros hemos luchado y hemos hecho todo lo posible, nuestros oficios hasta aquí llegan, no significa que no vamos a seguir luchando, pero tu mujer se salva solo con un milagro, si creés en algo pedile.

    Regresó a casa destruido, hecho un zombi. Su rutina era dejar a Rebeca en la guardería, a Emiliano en casa después de clases al mediodía, ir a las visitas, primero de Luis Carlos en la 1.º de mayo –a la espera de la recuperación de la madre– y después a Cecilia; lavar, cocinar y jugar con sus hijos. Estaba al borde del colapso. Ese día dejó que pasaran las horas, preparó la cena de los chicos, los llevó a dormir y comenzó a deambular por la casa, así lo encontró la madrugada, clamando a Dios, a Jesucristo, al Espíritu Santo, a la Virgen María y a su abuela Rebeca.

    —Por favor, mamita, andá donde Dios y pedile por Cecilia, que no deje a mis hijos sin madre, que no me deje sin esposa.

    Estaba vencido. Decidió buscar la biblia, la que perteneció a su abuela precisamente. Desde el inicio de la crisis no la había leído. Abriría el libro y el capítulo que apareciera leería. Así lo hizo y para su sorpresa apareció una antigua estampa de San Óscar Romero. Eso, pensó para sí mismo, solo podía ser obra de su abuela.

    —Mamita si me estás pidiendo que haga esto lo voy a hacer y pedí: Monseñor Romero, por el gran amor que usted le tuvo a El Salvador, por el gran amor que usted le tenía a la vida, por el gran amor que le tenía a la familia, por el amor que le mostraba a las mujeres embarazadas, le pido por favor que interceda por mí ante Dios y le pida que hoy mi esposa no muera, se lo pido, interceda por ella".

    Se quedó profundamente dormido solo un par de horas, pues debía de regresar al trabajo, llevar a Emiliano a la escuela y a Rebeca a la guardería, al mediodía las visitas al Seguro, para cumplir su rutina.

    —Llegué y mi mirada como siempre fue buscar la bolsa de la izquierda, me quedo en suspenso cuando veo que estaba llena de agua y corrí en busca de la enfermera.

    Quería mostrar lo que pasaba y recibir una explicación, obviamente la bolsa vacía siempre representó un problema, hoy el líquido podía traer buenas noticias. Fueron días tan nublados que Alejandro no aprendió los nombres del equipo médico, preguntaba o hablaba como autómata con ellos y así corrió donde ella. La respuesta de ella lo dejó en blanco.

    —Sí y esa ya es la segunda, comenzó a drenar como a las 2 de la mañana.

    Alejandro no habló, no pensó, no se movió, no sabía qué pasaba por su vida. Era Dios, Romero, su abuela, estaba en shock. Solo veía la bolsa llena de agua, la máquina que indicaba que la presión bajaba, que los signos vitales se activaban.

    El 6 de septiembre Cecilia despertó, la crisis había pasado, habló parcialmente con Alejandro, su recuperación era inmediata, el asombro del equipo médico pasaba de la incredulidad a la satisfacción. Pronto volvería a casa, con su esposo y sus hijos, la obra del santo, según ellos, estaba consumada. Hoy dan testimonio de ello.

  5. Catequesis del Camino Neocatecumenal en Barcelona
    Camineo.info.-
     "Venid a mí los que estais cansados...". Con esta frase del mismo Cristo el camino neocatecumenal en Barcelona (España), invitan a las proximas catequesis para adultos que se celebrarán Dios mediante los martes y jueves a partir del día 16 de octubre a las 2'0'30 horas en la Parroquia de Santa Isabel de Aragón y san Joaquín.

    Estas catequesis iniciales del Camino Neocatecumenal, son una ocasión de profundizar en la fe para los creyentes practicantes y una oportunidad de oro para los que se an alejado de la Iglesia y quieren reencontrar el verdadero sentido de la vida.

    Con cerca de 300.000 comunidades en 135 países, 120 seminarios internacionales y un millón y medio de seguidores, el Camino Neocatecumenal se ha convertido en una de las realidades eclesiales con más vitalidad dentro de la Iglesia.
  6. Los Soler, una familia que lleva la misión en la sangre: el último, Antonio, ya está en Mozambique

    La vida de Antonio Soler, sacerdote de la Diócesis de Getafe, está íntimamente unida a la misión, a la nueva evangelización, y a la familia como una parte esencial para llevar a cabo todo esto. Esto lo mamó al nacer y ahora sigue haciéndolo como misionero en Maputo, en Mozambique, al este del continente africano.

    Antonio es el séptimo de nueve hermanos. Y el don de los hijos se ha ido transmitiendo en su familia, pues este sacerdote madrileño tiene 64 sobrinos, de los cuales 27 están ya casados. Ha celebrado la boda de todos ellos menos de una, y en este momento tiene ya 67 sobrinos-nietos, cifra que aumenta considerablemente cada año. Cada 1 de enero los cerca 200 miembros de esta familia se juntan en un local, en estos momentos un colegio entero, para hacer una fiesta de la familia. Y para ello vienen de todo el mundo.

    Una familia llena de misioneros

    Porque otro dato distintivo de la familia del padre Antonio Soler es su vinculación con la misión. Además de él como misionero en África, hay misioneros de la familia en otros países africanos, América y Europa.

    “Mis padres estuvieron doce años como misioneros en El Callao (Perú); mi hermana Ana María con su marido Mariano, enfermo de cáncer estuvieron seis años en Villa Alemana (Chile), hasta el fallecimiento de mi cuñado; otra hermana, María del Carmen estuvo con su esposo Ángel como familia itinerante en Levante, después en Caracas y en estos días parten a Ecuador; Miguel María estuvo 8 años en Ciudad de Guatemala, dos sobrinos míos están ahora como familias en misión en Francia y Bélgica, y ahora otra sobrina ha partido con su familia a Alejandría, en Egipto… Esto es inexplicable, son las cosas del Señor, de su gracia”, cuenta Antonio Soler a Religión en Libertad.

    Una fe transmitida por sus padres

    Precisamente, fueron sus padres los que transmitieron este amor a Dios y a la Iglesia a toda la familia. José María Soler y Carmenchu fueron de los primeros miembros del Camino Neocatecumenal, colaboraron con Kiko Argüello hace más de 50 años cuando esta realidad no era más que un germen que nacía en una de las zonas más pobres de Madrid, y durante décadas se volcaron en la evangelización y en la misión.

    “Mis padres conocieron a Kiko Argüello, si no recuerdo mal, en 1964. Aquel encuentro marcó un antes y un después para ellos, y por tanto para nuestra familia, sobre todo en la vivencia de la fe. Es verdad que mis padres siempre han sido creyentes, sin embargo, la experiencia de la primera comunidad en las chabolas de Palomeras cambió radicalmente la vida en casa. Yo de esos primeros momentos recuerdo poco, pues nací en ese año 1964, pero sí recuerdo lo que ha supuesto para nuestra vida familiar: Dios es el primero”.

    Una vocación que descubrió a los 15 años

    En este ambiente fue en el que Antonio creció y descubrió su vocación, primero al sacerdocio, y casi a la vez a llevar el Evangelio hasta el último rincón del mundo. Supo que quería ser sacerdote a los 15 años. “Recuerdo el momento concreto. A los catorce empecé el Camino Neocatecumenal en la tercera comunidad de la parroquia de San Pedro Apóstol de Alcobendas. Un sábado, celebrando la Eucaristía, después de la consagración me vino con mucha fuerza la idea de que sería un gozo inmenso poder yo también consagrar. Salí de aquella celebración queriendo ser sacerdote. Era el otoño de 1979, recién cumplidos los 15. Seguí cursando mis estudios en el colegio de Nuestra Señora del Recuerdo de Chamartín y luego con los padres jesuitas y al acabar COU entré en el Seminario Conciliar de Madrid”, cuenta este sacerdote.

    En su caso, la llamada al sacerdocio estaba muy vinculada a la misión, por lo que Antonio asegura que “surgió casi a la par que la vocación sacerdotal. Intuía que debía poner mi vida a disposición de la Iglesia para que ella pudiera enviarme a donde hiciera falta. Sin tenerlo muy claro racionalmente, sí tenía la intuición de que la ordenación me abría a la Iglesia universal, entendiendo siempre que la voluntad de Dios para mí pasaba por la voluntad de mi obispo. Por eso es ahora que puedo estar en un país de misión”.

    De hecho, explica este sacerdote madrileño, “en este momento no soy yo quien lo ha buscado, sino que me ha venido a través de la petición del arzobispo de Maputo y de la generosidad de mi obispo, don Ginés García Beltrán”.

    “Tengo la certeza moral, y así lo vivo, de que no estoy solo aquí en la misión. Sé que mi diócesis, el obispo y el auxiliar, mis hermanos sacerdotes, comunidades religiosas, y tantos seglares de las parroquias en las que he ejercido el ministerio, y sobre todo, mi comunidad neocatecumenal me sostienen con su oración. No estoy solo, y aquí también me he encontrado a la Iglesia, que como madre que es, me cuida”.

    Una experiencia misionera y cómo párroco

    La misión tampoco es nueva para él pues ya había hecho experiencias durante los veranos en Perú, Nicaragua, Honduras, Costa Rica y Argentina. Además, entre 2006 y 2009 formó parte de un equipo misionero itinerante del Camino Neocatecumenal en el norte de Portugal.

    Pero también su experiencia como sacerdote, donde muchos años ha sido párroco en localidades pequeñas, le será muy útil en la misión. Sevilla la Nueva, Villanueva de Perales y hasta ahora Ciempozuelos son pueblos en los que ha sido párroco, al igual que en otras parroquias de localidades más grandes como Alcorcón y Getafe.

    Durante los veranos de 2015, 2016 y 2017 estuvo en Mozambique predicando los ejercicios espirituales a las clarisas de Namaacha, fundación que depende de las clarisas de Soria. En el último viaje conoció al arzobispo de Maputo, y éste le preguntó si estaría dispuesto a ser misionero allí. “Mi respuesta fue que si era la voluntad del Señor, yo estaba dispuesto, pero no dependía de mí, sino de mi obispo, que ha visto que es del Señor, y aquí estoy”.

    La necesidad que el mundo tiene del amor de Dios

    Antonio Soler llegó el pasado 25 de septiembre a Maputo. En los pocos días que lleva como misionero asegura que “aunque hay diferencias notables, sin embargo, estoy convencido de que el problema del corazón humano es el mismo en todas partes, la necesidad de ser amados de verdad para poder después amar. Mi deseo es poder hacer entender a estos hermanos míos que Dios les ama”.

    Este religioso confiesa que “durante mis años de vida sacerdotal he descubierto que esta experiencia, vivida con radicalidad, es lo que de verdad convierte el corazón. He sido testigo de cómo la Gracia del Señor ha transformado tantos corazones y los sigue transformando, esto es lo que he visto en mi diócesis de Getafe y espero verlo aquí también”.

    Para acabar, el padre Soler asegura que a lo largo de su vida ha podido visitar países de diferentes culturas, muy diferentes entre sí, pero “he constatado que el problema del hombres el mismo en todas partes. Todos tenemos una vocación a vivir en el amor, vocación que no se realiza. Acoger a Jesucristo, Amor del Padre para todos los hombres de cualquier raza, clase, condición o cultura es lo que nos capacita para realizar esa vocación inscrita en todas nuestras células. Esta es mi única pretensión, que a través de mi pobre vida, haya personas que se sepan amadas por Dios. Esto es lo que necesita el mundo”.

    Si quiere conocer el origen del Camino Neocatecumenal, en el que participó la familia Soler, contado por el propio Kiko Argüello puede comprar AQUÍ el libro El Kerigma

  7. Domingo XXVII del Tiempo Ordinario

    CAMINEO.INFO.-


    Quizás alguien se haya preguntado: De Moisés siempre nos han hablado muy bien… ¿Cómo es que  permitió el divorcio? ¡Expliquémoslo!

     

    En tiempos de Moisés lo que ocurría es que había hombres que abandonaban a sus mujeres y entonces las mujeres quedaban en una situación de abandono, muy vulnerables, no amparadas legalmente.

     

    Moisés ante esta situación, provocada por la dureza de corazón de esos hombres, dice que el hombre que abandona a su mujer le dé un documento de divorcio. Gracias a este documento la mujer queda más protegida, con una situación definida. Por lo tanto, la ley de Moisés es una ley para proteger a la mujer. Lo que ocurrió es que el judaísmo corrompió el auténtico sentido de la ley. Y lo que era una defensa de las mujeres abandonadas se convierte en una ley en contra de ellas porque se acaba interpretando que el hombre puede divorciarse de la mujer por cualquier motivo.

     

    Segunda idea: Las palabras de Jesús al decir “al principio”, nos remiten a la intención original del Creador. Jesús viene a decir esto del matrimonio: no depende de las leyes humanas, esto depende de la intención del Creador, esto depende de la ley natural  escrita en la naturaleza del hombre. Una cosa mala la ley no la hace buena, la hace legal, no buena.


    Tercera idea: En estas dos cosas que he dicho, hay un hecho que nos podría pasar desapercibido: Dice Jesús: “...dejó escrito Moisés este precepto”. (se está poniendo por encima de Moisés, continúa...)  “Al principio...” Expresiones que nos remiten a la intención original del Creador. ¡Dos hechos muy significativos!

     

    Este ponerse por encima de Moisés y esta expresión “al principio”, los podríamos considerar como dos pequeños signos que apuntan hacia la divinidad de Jesús.

     

    ¿Por qué digo esto? De la existencia histórica de Jesús, nadie con un poco de formación, duda. Donde sí  pueden haber dudas es la identidad de Jesús como Hijo de Dios... Y la identidad de Jesús como Hijo de Dios es un tema capital para entender y vivir el cristianismo.

     

    Por esto, me gusta destacar aquellos pequeños signos que hacen razonable, creíble, que apuntan en esta dirección.

     

    Continuemos con la primera lectura y el evangelio. En el Antiguo Testamento se permite el divorcio y la poligamia. Llega Jesús y dice “una con uno y para siempre”. Y sus discípulos dicen: “si es así más vale no casarse”. No le entienden. ¿Qué es lo que ocurre? Pues que con Jesús se introduce una novedad radical (radical viene de raíz) con Cristo surge el hombre nuevo, la mujer nueva, que es capaz de amar al otro para siempre y además de modo que les realice como personas y les haga alcanzar su plenitud personal.  Dice el Concilio Vaticano II: “Cristo sale al encuentro de los esposos por el sacramento del matrimonio”.

     

    Cristo quiere fortalecer, dignificar, sobrenaturalizar el amor humano de los esposos. Matrimonio es cosa de tres. Los esposos han de abrirse a esta acción de Cristo en sus vidas. Cristo quiere hacer camino con los esposos, pero éstos han de abrirse a su acción. El matrimonio se convierte en un camino para unirse a Cristo.

     

    Por qué hay tanto fracaso matrimonial, tanto divorcio y tanta infidelidad, porque le gente vive en el Antiguo Testamento y no se han encontrado con Cristo. Y en el Antiguo Testamento ya sabemos lo que hay: divorcio y poligamia.

     

    Qué imagen del amor más bonita y poética nos daba la primera lectura y el evangelio… los esposos llamados a formar “una sola carne”. Ya no son dos individuos, sino una sola realidad. Ya no se hace una valoración individual de las cosas, sino tenemos presente al otro, la nueva unidad que ha surgido. Y esto es posible cuando ya no se buscan a ellos mismos sino que buscan el bien del otro. Hay un acto de donación constante.

     

    El otro vale tanto, le amo tanto, que le entrego todo lo que soy, lo mejor de mi corazón. Amor = entrega. En el amor verdadero el importante no eres tú, sino el otro. Yo en las bodas les digo: “no os casáis para ser felices, (y me callo) os casáis para hacer feliz al otro, que es muy distinto.”

     

    Nada a ver la convivencia entre dos personas que se buscan a sí mismas, tendencia egoísta que todos llevamos dentro. Y la convivencia de dos personas que buscan hacer feliz al otro. La primera es un infierno. La segunda un trocito de cielo.

  8. 1984 una distopía inquietante

    He empezado a releer el 1984 de Orwell. Cuando lo leí por primera vez creí que su indeseable distopía era mera literatura de ficción que nunca llegaría a ocurrir, hoy ya no estoy tan seguro.

    Leo en la novela que si la mentira impuesta por el poder era aceptada por todos, pasaba a la historia y se convertía en verdad pues, quien controla el pasado, controla el futuro y quien controla el presente controla el pasado. Inmediatamente de leer esto me ha venido a la cabeza la Ley de Memoria Histórica que puede llegar a imponerse como única verdad en la medida que los que vivimos aquella historia vayamos desapareciendo.

    Si te parece una insensatez exhumar el cadáver de Franco puedes ser acusado por el Ministerio de la Verdad de franquista y etiquetado como extrema derecha, fascista y otras lindezas por el estilo.

    El Ministerio de la Verdad es el que en la novela de Orwell garantiza la certeza de cualquier relato a costa de reescribir la historia. Por el momento no existe tal ministerio pero existen los que podrían ponerlo en funcionamiento si se les deja, por lo pronto la historia que se transmite a las generaciones jóvenes no deja de ser cuestionable, en Cataluña y no solo en Cataluña. ¿Quién creerá que el cuadro  Guernica, lo pintó Picasso por la muerte del torero Sánchez Mejías y no por el bombardeo? ¿Cuál es la verdad?

    Ser estudioso de la historia puede ser premiado si el resultado es del agrado de los que detentan el poder. En caso contrario padecerán bastantes dificultades, a pesar de la tan cacareada libertad de expresión que, ¡horror!, alguna ministra ya amenaza con “regularla”.

    La neo-lengua en vigor en la novela ya la tenemos en marcha. Ahora tenemos la ideología de género y el feminismo  que han aportado multitud de expresiones que sería incomprensibles para nuestros abuelos.

    En la novela cada vivienda está dotada de una tele pantalla inapagable y desde la cual eres vigilado. Hoy todos tenemos multitud de pantallas de televisión, de ordenador o del móvil que nadie nos obliga a tenerlas en funcionamiento todo el día pero a las que estamos enganchados sin remedio. No es necesario que nos vigile el Gran Hermano de la novela, nosotros mismos volcamos nuestros pensamientos, nuestros sentimientos, nuestras intimidades a través de las redes que lo archivan todo y pueden sacar cualquier cosa que dijimos cuando a alguien le convenga para hacernos daño. Seguramente más de un político anda maldiciendo a las hemerotecas o las grabaciones que guardan celosamente lo que dijeron.

    Esas redes son los medios de manipulación masiva que ya se están utilizando para señalarnos los problemas en los que tenemos que fijarnos o el partido que va de ganador en la encuesta. Naturalmente estos medios sirven para manipular nuestra atención pues lo que no sale en estos medios es como si no existiera. Solo tienen que observar la diferencia de tratamiento que se da a unos casos de corrupción o a otros.

    Decía San Agustín que a fuerza de verlo todo se termina por soportarlo todo, a fuerza de soportarlo todo se termina por tolerarlo todo, a fuerza de tolerarlo todo se termina aceptándolo todo y a fuerza de aceptarlo todo terminamos por aprobarlo todo. Y en eso estamos si no nos espabilamos y pensamos por nuestra cuenta.

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